Cómo sanar nuestras relaciones familiares

Cómo sanar nuestras relaciones familiares

Muchos de los problemas que tenemos en nuestra vida y con nuestra familia, aparecen porque confundimos el vínculo con la relación o la relación con el vínculo.

Los vínculos de sangre se crean, como indica su nombre, a través de la sangre y son absolutamente irrompibles. Podemos decidir, por ejemplo, no relacionarnos con nuestro padre o con nuestra madre, o con nuestra hermana o con nuestro hijo, pero ese vínculo, pase lo que pase, sigue ahí. Cuando por Navidad nos reunimos con la familia, no siempre es porque nos queremos y nos llevamos bien, sino porque los vínculos gritan desde dentro de cada uno, porque sentimos la necesidad mamífera de encontrarnos, de vernos, de reír, de llorar, de celebrar, de discutir, de pelear… De lo que sea para sentir que pertenecemos y formamos parte.

Ese milagro de la vida que llamamos familia acoge relaciones fáciles, difíciles, maravillosas o terribles. Pero debemos ver más allá de esas formas de relación y ser capaces de separar la relación del vínculo.

En lo relacional podemos decidir cómo, cuándo y qué tipo de relación queremos tener con los nuestros, si a nivel relacional decidimos tomar distancia, o no tener relación, está bien, puede ser lo más sano en algunas ocasiones. No siempre podemos tener la relación que nos gustaría, esa relación SÍ depende de nosotros. Pero los vínculos con nuestra familia, son nuestros vínculos, que siguen plenamente vivos y activos, queramos o no, más allá de nuestra voluntad.

¿Cómo distinguir entre relación y vínculo?

El vínculo, para decirlo de una forma sencilla, es más fuerte que la relación.  Llegan a lo profundo de la conexión humana; las relaciones, en cambio, son más epidérmicas, lo cual no quiere decir que sean poco importantes o que no haya que cuidarlas. En cierta forma, las relaciones se eligen, mientras que los vínculos nos eligen a nosotros.

Los miembros de una familia están unidos por vínculos de sangre, incluso si no hay relación entre ellos. La familia aparece cuando aparece el vínculo de la sangre. A veces, debido a que tenemos problemas a nivel relacional con los nuestros, se niegan o se esconden los vínculos, y eso genera dolor. Aceptar los vínculos y darles su lugar es aceptar la realidad y tomar la vida.

Aceptar los vínculos no significa tener que aceptar la relación, puede que no exista relación o que no sea sana para nosotros, pero eso no hace que el vínculo que existe desaparezca, y negarlo, solo nos puede traer dolor. Tomar el vínculo, tiene que ver con ser capaces de separar lo que nos pudo doler a nivel relacional y dar gracias por lo que sí es: la vida a través de los nuestros. Nuestra propia vida y la vida de nuestros hijos, si los tenemos.

Ponerte de acuerdo con tu propia historia familiar y con tu propia historia biográfica y darle el lugar que le corresponde a cada hecho y a cada persona significa poner los pies en el suelo, significa acompasar tu latido con el latido de la vida. A partir de ese momento puedes mirar hacia delante.

“No hay familias perfectas, todos formamos parte de familias imperfectamente maravillosas. Pues si estás aquí leyendo esto es porque tu familia logró su objetivo principal: que tu vida fuera posible y que la vida de los tuyos siguiera adelante. Más allá de las circunstancias, lo lograron. Tu familia y sus vínculos son un éxito, imperfecta ella, imperfectos ellos, pero exitosos, al fin y al cabo.”

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Me muevo entre la empresa y la terapia, entre las organizaciones y las personas. Formado en Terapia Gestalt, Constelaciones Familiares, Constelaciones Organizacionales y Coaching sistémico, PNL, Eneagrama, Mindfulness y Meditación.